Hay fechas que nunca se olvidan, y para nosotros el 24 de junio de 2016 siempre será una de ellas. Ese día abríamos por primera vez las puertas de A Artesa da Moza Crecha. No lo hacíamos en un gran restaurante ni con una cocina de última generación, sino desde un pequeño puesto de apenas cuatro metros cuadrados en la Plaza de Abastos de Betanzos. Éramos pequeños, muy pequeños, pero teníamos algo que nunca nos ha faltado: una forma de entender la gastronomía. Creíamos, y seguimos creyendo, en el producto de proximidad, en los pequeños productores, en la temporalidad, en la cocina gallega y en que los mejores platos siempre empiezan con una buena materia prima. No imaginábamos hasta dónde nos llevaría aquella idea.
Los primeros pasos
Aquellos primeros meses fueron una mezcla constante de ilusión, nervios y muchísimo trabajo. Vendíamos producto, preparábamos pequeñas elaboraciones para degustar en nuestra barra y aprendíamos cada día escuchando a nuestros clientes. Muy pronto sentimos la necesidad de ir un paso más allá y así nacieron nuestros primeros eventos gastronómicos en Café Lanzós, un espacio que ni siquiera disponía de cocina y donde la montábamos nosotros cada vez que organizábamos una cena.
Fue allí donde comenzaron los Gastro Live, una de las experiencias que recordamos con más cariño. Cada viernes, Lanzós acogía un concierto diferente y nosotros diseñábamos un menú degustación inspirado en el estilo musical que sonaría esa noche, uniendo gastronomía y música para crear experiencias que, todavía hoy, muchas personas siguen recordando con una sonrisa.
Al mismo tiempo llegaron los primeros caterings, pequeños eventos que nos permitieron salir de nuestras cuatro paredes y descubrir que nuestra cocina también podía viajar. Sin saberlo, estábamos sembrando lo que años después acabaría convirtiéndose en Moza Crecha Catering.
El momento de crecer
Dos años después llegó una nueva etapa: abrimos nuestra Gastroteca, un espacio que nos permitió desarrollar una cocina más personal y empezar a construir la identidad gastronómica que hoy define a A Artesa da Moza Crecha. Fueron tres años de crecimiento constante, durante los que empezaron a llegar llamadas que nunca habíamos imaginado recibir.
Nos invitaron a participar en el Fòrum Gastronómico de Barcelona, un momento que seguimos recordando con enorme emoción. Para un proyecto que apenas acababa de empezar, aquella invitación era mucho más que asistir a un congreso gastronómico; era la confirmación de que algo estábamos haciendo bien. Después llegaron las entrevistas en prensa, las colaboraciones en radio y televisión y las primeras publicaciones especializadas.
Pero, por encima de todo, llegó algo que para nosotros siempre ha sido más importante que cualquier reconocimiento: una clientela fiel. La Gastroteca empezó a quedarse pequeña, cada fin de semana era complicado conseguir mesa y muchas personas confiaban en nosotros una y otra vez. Fueron precisamente ellas quienes nos dieron el impulso necesario para afrontar el paso más importante de nuestra historia.
El restaurante con el que soñábamos
En 2021 decidimos asumir el mayor reto desde que habíamos empezado. Encontramos un local que nos enamoró desde el primer momento por su ubicación, frente al río, dentro de la Reserva de la Biosfera Mariñas Coruñesas y con unas vistas privilegiadas a los viñedos de Branco Lexítimo, una variedad que siempre hemos sentido como parte de nuestra identidad y que ocupa un lugar protagonista en nuestra carta de vinos.
Sabíamos que aquel espacio necesitaba una reforma enorme y que suponía la mayor inversión que habíamos realizado hasta ese momento. Daba miedo, mucho miedo, pero también sabíamos que habíamos llegado hasta allí gracias a la confianza de cientos de personas que llenaban la Gastroteca cada fin de semana. Sin ellas jamás habríamos podido dar ese paso.
Con mucho trabajo, esfuerzo y más ilusión que certezas, en 2021 abrimos el restaurante en el que hoy seguimos cocinando. Un espacio que nos permitió crecer, recibir a más personas, organizar eventos, impartir talleres, realizar formaciones y desarrollar nuevas ideas que antes eran simplemente imposibles. Aquel restaurante no solo era el cumplimiento de un sueño, también era el comienzo de una nueva etapa.
Mucho más que un restaurante
Con el paso de los años comprendimos que A Artesa da Moza Crecha ya no era únicamente un restaurante. Poco a poco se había convertido en una empresa de servicios gastronómicos con diferentes líneas de trabajo, todas ellas unidas por una misma filosofía: poner en valor la gastronomía gallega, el producto local y nuestro territorio.
Hoy, además del restaurante, desarrollamos proyectos a través de Moza Crecha Catering, que nos lleva a espacios patrimoniales, bodas, eventos corporativos y celebraciones por toda Galicia. También trabajamos en asesorías gastronómicas, investigación culinaria, formación, showcookings y proyectos de divulgación, colaborando con iniciativas como Capitán Mareas, Pesca Saúde o Artesanía Alimentaria de Galicia y numerosos organismos públicos y privados, utilizando la gastronomía como herramienta para divulgar el producto gallego, el territorio y la sostenibilidad.
Porque si algo hemos aprendido durante estos diez años es que cocinar no consiste únicamente en servir platos; también consiste en contar historias, generar conocimiento, apoyar a los productores locales y demostrar que la gastronomía puede convertirse en un motor de transformación para el territorio.
Un camino lleno de reconocimientos… y de personas
Durante estos años han llegado premios que jamás imaginábamos cuando abrimos aquel pequeño puesto del mercado. Hemos recibido reconocimientos nacionales, el Premio al Mejor Proyecto Enogastronómico de la Diputación de A Coruña y hemos entrado a formar parte de guías gastronómicas como Guía Repsol, Macarfi o la francesa Le Guide du Routard.
Son reconocimientos que nos llenan de orgullo, pero seguimos pensando que los premios más importantes no se guardan en una vitrina, sino que tienen nombre y apellidos. Son todas las personas que han trabajado con nosotros, los productores que nos abastecen cada día, los colaboradores que han compartido proyectos e ideas y, sobre todo, todos los clientes que nos habéis acompañado durante este camino. Algunos lleváis con nosotros desde aquel puesto de cuatro metros cuadrados, otros llegasteis después, pero todos formáis parte de esta historia y todos habéis contribuido, de una forma u otra, a que hoy podamos celebrar estos diez años.
Lo mejor está por venir
Diez años después seguimos teniendo la misma ilusión que el primer día. Seguimos investigando, creando, aprendiendo y apostando por el producto local, la sostenibilidad, la gastronomía gallega contemporánea y una cocina profundamente conectada con nuestro territorio.
Seguimos soñando, porque todavía quedan muchos proyectos por desarrollar. Muy pronto celebraremos este aniversario con un evento muy especial en el que recorreremos nuestra historia a través de los diez platos, o mejor dicho, diez bocados, más representativos de estos diez años, una forma de mirar atrás, recordar de dónde venimos y compartir con todos vosotros el camino recorrido.
Gracias por estos diez años
Dicen que un restaurante se construye con ladrillos, nosotros creemos que se construye con personas, con quienes confiaron cuando apenas éramos un pequeño puesto en el mercado, con quienes nos recomendaron, con quienes celebraron aquí algunos de los momentos más importantes de sus vidas, con quienes forman y han formado parte de nuestro equipo, con nuestros productores, con nuestros colaboradores y con cada persona que alguna vez se sentó a nuestra mesa.
Gracias por creer en este proyecto, gracias por hacerlo crecer y gracias por acompañarnos durante estos primeros diez años, porque si algo hemos aprendido en todo este tiempo es que los sueños no se cumplen de un día para otro, se construyen poco a poco, servicio a servicio, plato a plato y persona a persona.
Diez años después seguimos creyendo exactamente en lo mismo que aquel 24 de junio de 2016: que el producto de nuestra tierra merece ser contado, que la gastronomía puede transformar un territorio y que los sueños, cuando se trabajan cada día, terminan encontrando su sitio. Hoy miramos atrás con orgullo, pero, sobre todo, miramos hacia delante con la misma ilusión que aquel primer día frente a un pequeño puesto de cuatro metros cuadrados.
Gracias por formar parte de esta historia.