Hay noches que terminan cuando se levanta uno de la mesa. Y hay otras que permanecen mucho después del último bocado.
El pasado jueves 6 de agosto vivimos una de estas últimas en A Artesa da Moza Crecha.
Llevábamos tiempo imaginándola. Mirando al cielo, pensando en las Perseidas y en ese acontecimiento extraordinario que este agosto vuelve todas las miradas hacia Galicia: el eclipse. Pero también mirando a nuestro alrededor, a nuestro mar, a nuestra huerta, a nuestros productores y a esa despensa gallega que constituye el punto de partida de nuestra cocina.
De ahí nació “Las Perseidas y el Eclipse”, una experiencia gastronómica creada para contar una historia a través de los platos.
Y aquella noche, por fin, la historia cobró vida.
Cuando una cena comienza mucho antes del primer plato
En A Artesa da Moza Crecha entendemos la gastronomía como algo que puede ir mucho más allá de comer bien.
Un producto puede hablarnos del lugar del que procede, una elaboración puede recuperar un recuerdo, un plato puede contar una historia y una mesa puede convertirse durante unas horas en el punto de encuentro entre gastronomía, cultura, territorio astronomía y emoción.
Ese era precisamente el reto de esta noche.
Nos encontramos, además, en un lugar especialmente vinculado al cielo. La Reserva de la Biosfera Mariñas Coruñesas e Terras do Mandeo, reconocida como Destino Turístico Starlight, posee unas condiciones privilegiadas para observar el firmamento y recuperar esa relación con el cielo nocturno que durante siglos formó parte de nuestra manera de entender el mundo.
Así que decidimos hacer lo que sabemos hacer: contarlo desde la cocina.
No queríamos simplemente poner nombres relacionados con las estrellas a una sucesión de platos.
Queríamos construir un relato.
Perseo, Medusa, Andrómeda… y Galicia en el plato
La mitología nos proporcionó el hilo conductor.
Perseo, Dánae, Zeus, Medusa, Andrómeda… Cada capítulo del mito fue encontrando su lugar en el menú y, poco a poco, ingredientes, texturas, temperaturas, colores y técnicas comenzaron a darle forma.
La experiencia arrancó con un cóctel elaborado con ginebra gallega, arándanos, limón, sidra gallega y ágave, antes de adentrarnos por completo en la historia.
El Oráculo abrió el recorrido con vieira de Ferrol, lechuga de mar, escabeche cítrico, naranja y garum.
Después llegó La Torre de Dánae, un pani puri con mousse de guiso de chocos en su tinta.
Lluvia de Zeus y Oro nos llevó directamente al mar, antes de dar paso al Nacimiento de Perseo, donde el pan blanco, la crema de peixe y la berza texturizada volvían a conectar el relato con sabores profundamente nuestros.
Cada pase tenía un porqué, cada nombre escondía una parte de la historia, y eso era precisamente lo que queríamos que sucediese aquella noche: que el comensal no supiese únicamente qué estaba comiendo, sino también por qué estaba comiéndolo en ese momento de la narración.
Una historia que también se escuchaba
Porque aquella noche la cocina no estuvo sola.
La interpretación del cielo, del territorio y del relato estuvo acompañada por José Romero, de Galicia Eventos, guía oficial certificado de la Reserva de la Biosfera y monitor Starlight.
Su intervención permitió mirar los platos desde otra perspectiva y comprender mejor esa relación entre aquello que ocurría en la mesa y lo que sucede sobre nuestras cabezas.
Y entonces ocurrió algo que nos encanta de este tipo de encuentros, la cena dejó de ser simplemente una sucesión de elaboraciones, se convirtió en conversación y en curiosidad, en personas escuchando, preguntando, descubriendo y compartiendo una misma experiencia alrededor de una mesa, porque para nosotros la gastronomía también es eso.
De la mirada de Medusa a la liberación de Andrómeda
A medida que avanzaba la noche, también lo hacía la intensidad del menú.
Las Armas de los Dioses dieron paso a La Mirada de Medusa, un sándwich de carbón, tapenade y cecina de vaca.
Después llegó Sangre de Medusa, con bonito de Burela, remolacha y fresa, y finalmente la Liberación de Andrómeda, donde el roast beef, el hinojo y el codium cerraban la parte salada del relato.
El recorrido había sido concebido precisamente para evolucionar desde sabores más luminosos, marinos, cítricos y salinos hacia registros progresivamente más profundos, terrosos, amargos e intensos y todavía quedaba mirar al cielo una última vez.
Las Perseidas. Y, finalmente, el Eclipse
El postre tenía que estar a la altura de aquello que había inspirado toda la experiencia.
Las Perseidas llegaron a la mesa convertidas en mousse, bizcocho crujiente, naranja amarga, cacao y oro.
Y para terminar, El Eclipse: trufas de licor café y cacao.
Un último bocado, el final de la historia y uno de esos momentos en los que nos gusta observar el comedor y comprobar que algo ha sucedido.
Porque crear una experiencia gastronómica no consiste únicamente en que un plato guste. Eso, por supuesto, tiene que suceder.
Pero aspiramos a algo más difícil:
que se recuerde.
Cocinar un territorio también es contar sus historias
Detrás de “Las Perseidas y el Eclipse” estaba también nuestra manera de entender A Artesa da Moza Crecha.
Trabajar con producto de proximidad. Mirar al mar y a la tierra que tenemos alrededor. Colaborar con productores de nuestro territorio. Respetar la tradición sin renunciar a transformarla mediante técnicas contemporáneas. Y utilizar la creatividad no como un fin, sino como una herramienta para contar algo.
Preparar estas veladas suponen mucho trabajo, pero también una responsabilidad: continuar creciendo, investigando y buscando maneras de emocionar a quien decide sentarse a nuestra mesa.
A veces lo hacemos mediante noches especiales como esta, otras, un martes cualquiera, porque aunque no todas las noches haya Perseidas, Medusa, Perseo o un eclipse como protagonistas, la intención detrás de nuestra cocina es la misma cada día.
Que venir a A Artesa da Moza Crecha sea algo más que venir a comer.
Para quienes estuvieron. Y para quienes esta vez no pudieron estar.
A todos los que compartisteis con nosotros “Las Perseidas y el Eclipse”, gracias.
Gracias por dejaros llevar, por escuchar, por preguntar, por probar y por formar parte de una noche que llevaba mucho trabajo detrás y que solo adquiría verdadero sentido cuando el comedor se llenaba.
Y a quienes visteis el anuncio, os quedasteis con ganas y finalmente no pudisteis acompañarnos… Habrá más historias, porque nos gusta imaginar cosas que todavía no existen, nos gusta buscar una idea, darle vueltas, llevarla a la cocina y convertirla en una experiencia que solo puede comprenderse del todo cuando uno está allí.
La próxima vez, quizá sea mejor vivirla que esperar a que os la contemos.
Nos vemos en A Artesa da Moza Crecha.
Y quién sabe cuál será la próxima historia que serviremos en la mesa.